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Escuchamos con frecuencia que para mantener un buen estado físico y evitar la enfermedad (malnutrición, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer) uno debe llevar una “dieta saludable”. Y aunque esta idea esté muy difundida en nuestro medio, está rodeada de muchos mitos (recordemos la cantidad de “milagrosos descubrimientos” para bajar de peso o las dietas extremas que algunos siguen cuando la balanza los asusta) y muchas veces nos plantea grandes interrogantes.
Somos lo que comemos, y comemos mal. El cambio en el estilo de vida, propio de el mundo “moderno” ha llevado a un gran consumo de “comida rápida”, procesada, rica en grasas saturadas, con alto contenido de sal y calorías. Nada más lejos de una dieta saludable.

¿Qué hacer?
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, un dieta adecuada debe compensar el ingreso – en forma de calorías- con el gasto de energía. Esto suena bastante lógico pero en la práctica muchas veces no es tan simple.

Grasas ¿sí o no?
La evidencia sugiere que la energía proveniente de las grasas no debe exceder el 30% del total para evitar un aumento de peso no saludable. Se debe preferir las grasas no saturadas y evitar las grasas industrializadas. Eso es bastante teórico. En la práctica diremos que antes de sumergir los alimentos en aceite para freir, es mejor hervir o cocinar al vapor; si se fríe es mejor usar aceite vegetal (oliva o girasol); comer pescado, palta, nueces, aceituna en lugar de carnes grasosas, mantequilla, aceite de palma, etc. Las grasas trans están en comida rápida, frituras, pizza congelada, galletas, helados…y no son parte de una dieta saludable.
¡Azuuuuucarrr!
Azúcar sí, pero poco. Limitemos el consumo de azúcar libre al menos del 10% de la energía total diaria, es decir que no se debe ingerir al día más de 50 gramos (12 cucharaditas de té) y evitar también alimentos industrializados endulzados. Recordemos que el azúcar también está presente en miel (no endulcen las bebidas de los niños con ella, no los protege de enfermedades y es fuente de azúcar libre), jarabes, jugos y concentrados de frutas procesados, caramelos…y todos ellos no son parte de una dieta saludable.
¿Y la sal?
Hay muchas cosas malas que se dicen de la sal y muchos recomiendan eliminarla. Si ud. intenta comer todo “sin sal”, sentirá que la comida no tiene sabor. Sal sí, pero debe ser menos de 5 gramos (una cucharita de té) por día. Ésto ayuda a prevenir la hipertensión y reducir el riesgo de enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular.

Somos lo que comemos, entonces acostumbrémonos a comer sano.

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