En octubre de 1846, en la ciudad de Boston, el odontólogo William T.G. Morton dio a conocer públicamente por primera vez que la administración de éter podía usarse como anestésico general, permitiendo a los cirujanos y a su maesstro el Dr. Warren resecar un tumor mandibular sin dolor.

Este avance tuvo gran aceptación y llamó la atención de la comunidad médica inmediatamente, haciendo posible los tratamientos quirúrgicos sin que el paciente experimente el dolor intenso que experimentaban hasta ese momento durante una intervención quirúrgica, abriendo el campo de la anestesiología.

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