George Nicolás Papanicolaou nació en el año 1883, fue hijo del físico y mayor Nicolás Papanicolau y de María Georgiou Kritsouta, mujer culta e interesada en la música y la literatura, aficiones que legó a su hijo.  En los primeros años de su niñez fue criado en grecia, especializándose en música y humanidades, pero su padre lo persuadió para que estudiara medicina, disciplina de la que se graduó con honores a los veintiún años. En octubre de 1904 se alistó en el ejército y dos años después fue promovido a asistente de cirujano. Se negó a continuar en la milicia, oponiéndose al deseo de su progenitor, y comenzó su carrera médica extramilitar tomando bajo su cuidado a una colonia de leprosos, localizada al norte de su pueblo natal. Poco después decidió cursar un posgrado en Alemania bajo la tutela de Ernst Haeckel, uno de los partidarios de la teoría de la evolución de Darwin. Posteriormente frecuentó a August Weismann, en Freiburg, un brillante genetista que proponía que la herencia era transmitida por medio de las células sexuales. Después de su contacto con estos dos personajes dispuso dedicar su vida por completo a la investigación.

En 1910 obtuvo el grado de doctor y, habiéndose convertido también en un experto microscopista, regresó a Grecia. En el ferry rumbo a Atenas conoció a Andromache, hija del coronel Mavroyeni, con quien se casó el 25 de septiembre de 1910.

Durante la guerra de los Balcanes, en 1912, George sirvió dentro de la reserva militar y fue ascendido a teniente médico. En la armada alternó con muchos griego-americanos, los cuales lo motivaron a que emigrara a América. Es así que George y su esposa llegan poco después a Nueva York con 250 dólares en el bolsillo, sin un lugar a donde ir ni hablar inglés. Después de pasar un tiempo como vendedor de alfombras, ingresa al Departamento de Patología y Bacteriología del Hospital de Nueva York, para laborar como técnico de laboratorio, donde al percatarse de su preparación médica se le brindó un puesto en el Colegio Médico de Cornell, bajo la tutela de Charles Stockard, del departamento de patología, donde trabajó teniendo por asistente a Andromache. Ambos formaron por casi 47 años, un equipo de investigación semejante al de los Curie.

Es ahí que Papanicolau logra iniciar su propia línea de investigación, mediante la cual deseaba demostrar que los cromosomas X y Y definían el sexo de la descendencia en conejillos de indias. Esto lo llevo a efectuar muestreos de las descargas vaginales de los conejillos de indias y al observarlas al microscopio descubrió en ellas diferentes patrones y secuencias citológicas. Esto lo llevo, finalmente a publicar en septiembre de 1917, junto con Charles Stockard, en el American Journal of Anatomy  “La existencia de un ciclo estral típico en los conejillos de indias, con un estudio de los cambios histológicos y fisiológicos”.

Esto le dio una gran popularidad en el medio científico y lo llevó a colectar citologías exfoliativas no sólo de su esposa, sino de diversas mujeres, llegando a difundir sus conclusiones en el artículo “El ciclo sexual en la hembra humana mostrado por frotis vaginales”, en el American Journal of Anatomy en 1933.

En 1923, en una reunión en Nueva York, sugirió el uso de su método para el diagnóstico de cáncer uterino. Sin embargo, James Ewing expresó su escepticismo y lo cuestionó respecto a la eficacia del proceso para distinguir entre el carcinoma endometrial y el cervical. Al responder Papanicolau que su técnica efectivamente no diferenciaba ambas afecciones, Ewing replicó que era un procedimiento inútil, ya que era mucho más fácil y determinante realizar una biopsia. Esto no desalentó a George, quien continuó sus investigaciones sobre frotis vaginales y cervicales. El encontrar neoplasias y adquirir pericia en la diferenciación de los frotis fue para Papanicolau una de las experiencias más emocionantes de toda su vida. Luego de sus invstigaciones, en una conferencia en enero de 1928, en Michigan, devela su hallazgo. Después de su plática se comentó que su procedimiento prometía ser una excelente herramienta para la detección de cáncer en etapas iniciales. Sin embargo, debido al anterior descrédito del método por Ewing, la comunidad médica prestó poca atención a la novedosa propuesta, y etiquetaron a George como “un pobre maestro con técnicas convencionales”. Para limpiar su reputación decidió publicar formalmente su descubrimiento, pero por esas fechas Aurel Babes, de la Universidad de Bucarest, elaboró un artículo sobre el citodiagnóstico del cáncer uterino, lo cual colocó a George en una situación delicada puesto que Babes comenzó a demostrar fehacientemente lo propuesto por Papanicolau, ganándole prestigio en su propio terreno.

En el Hospital de Nueva York y con un nuevo equipo se inició una nueva investigación en 1939, en la cual todas las mujeres del servicio de ginecología eran sometidas a una toma de citología exfoliativa, para ser interpretada por Papanicolau. Los resultados fueron contundentes, ya que el uso rutinario de este método permitió el diagnóstico de un considerable número de casos asintomáticos de neoplasia cervicouterina, algunos de ellos imperceptibles al ojo humano y solamente demostrables mediante biopsia, o este procedimiento.

El 11 de marzo de 1941 presenta el resumen de sus avances para aprobación, y el artículo se publica en agosto del mismo año en el American Journal of Obstetrics and Gynecology. Posteriormente, Papanicolau, con la experiencia acumulada de la observación de las laminillas, elabora el Atlas de citología exfoliativa, impreso en 1954.

Posteriormente viajó a Europa donde brindó una serie de conferencias y a su regreso a Norteamérica tuvo el cargo de director del Instituto de Investigación de Cáncer de Miami. Con los fondos y el personal necesario, programó iniciar el proyecto de citología más ambicioso del mundo, pero no pudo llevarlo a cabo porque George Papanicolau, el 19 de febrero de 1962, muere de un infarto cardiaco. Actualmente sus restos descansan en el pequeño pueblo de Clinton, New Jersey.

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